Dimensiones

Dimensiones
Mostrando entradas con la etiqueta Kant. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kant. Mostrar todas las entradas

E. Kant , materiales

Materiales para actualizar el pensamiento kantiano:
En este enlace tienes acceso a todos ellos (clika aquí)

Es muy recomendable seguir el planteamiento de Julio Quesada en "La otra historia de la filosofía" para comprender los elementos de la razón especulativa y la elaboración del pensamiento desde los postulados de la razón para la elaboración de la moral. Desde la página 230, bueno 231, desde "La Dialéctica Trascendental...", porque no nos facilitan la anterior, hasta la p. 238.

FILOSOFÍA: 2º BACHILLERATO

PRUEBAS PAU

PLATÓN
TEORÍA
TEXTOS
EJERCICIOS























































































E. KANT
TEXTOS
EJERCICIOS

R. DESCARTES
F. NIETZSCHE
TEXTOS
EJERCICIOS

E. Kant -intro-






Un hombre preclaro, hijo de su tiempo, la Ilustración, pero capaz de alzar la mirada más allá de las circunstancias y su propia historia. Un hombre integrador y con una claridad meridiana, pese a sus largos párrafos, a veces intrincados. Y, sin embargo, cuán complicada parece ser la explicación de su pensamiento.
 

Este ecuánime ilustrado no dejará de estar en lospostulados de cualquier elaboración que se precie de cierta calidad. Kant, como su apuesta por la permanencia de la metafísica, habrá de ser mirado para intentar un nuevo planteamiento pues, como ya señalara Nietzsche, fue el único que supo, con acierto, determinar la posición de todo conocimiento y toda reflexión.

 La Ilustración fue definida por Kant como “la salida del hombre de la minoría de edad”, fuere ésta por propia irresponsabilidad o por la imposición que otros pudieran ejercer sobre él. La Ilustración es la culminación de las expectativas generadas en el Renacimiento al romper con las imposiciones del Medievo. La clave fundamental es que el ser humano es el protagonista, el artífice de su propia vida, autónomo, y, por tanto responsable de sus producciones y de sus acciones. El ser humano pues, empieza a  ser concebido como el único responsable del quehacer de su construcción personal, moral y social. Esta misma concepción es plasmada por Kant en su filosofía crítica: en primer lugar, porque el ser humano es el que elabora el conocimiento, filosofía trascendental, un “giro copernicano” frente a los modelos epistemológicos defendidos por el empirismo y el racionalismo y, por tanto, el constructor de sus propias leyes morales, concepción supone un “giro copernicano” frente a las pretensiones epistemológicas dominantes en este período, el racionalismo desde las pretensiones de la metafísica y el empirismo desde el que la imposición de los objetos al sujeto cognoscente deriva en el escepticismo. En segundo lugar, en el plano moral, la superación de las éticas materiales, donde los medios para alcanzar un fin son propuestas con fuerza de verdad, como el emotivismo “irracional” del empirismo.

Si las claves fundamentales de la Ilustración son: la racionalidad como facultad crítica para hallar los fundamentos que acaben con toda imposición por autoridad o tradición, con toda superstición e irracionalidad en la concepción de la realidad. Tal actitud conllevará a la necesidad de nuevos modelos sociales fundamentados sobre las teorías del contrato social marcadas por Hobbes y Locke, desde donde el propio Kant establecería su reflexión desde la “insociable sociabilidad del ser humano”, como inicio de la tendencia natural del ser humano a la socialización, fundamentado sobre el cosmopolitismo estoico, desde donde nuestro pensamiento contemporáneo elabora la necesaria ciudadanía y la base de los Derechos Humanos. Tales planteamientos se asentarán sobre la preocupación antropológica que Kant desarrolla desde su investigación sobre “¿Qué puedo conocer?, ¿Qué debo hacer? y ¿Qué me cabe esperar?”. La naturaleza como modelo que purifica al ser humano de los convencionalismos irracionales de la sociedad, el fanatismo y el dogmatismo. Una concepción nueva del ser humano elaborado por Rousseau en “El Emilio” que despierta la concepción del buen salvaje y la bondad humana por naturaleza y, en consecuencia, una teoría sobre el contrato social contrapuesta al “homo homini lupus” que generó la concepción de Hobbes. La igualdad originaria de todos los hombres, principio estoico que renueva Kant,  es asumida desde las condiciones comunes, necesarias y universales a todo sujeto cognoscente propuesto e investigado en la “Crítica de la Razón Pura”, la filosofía trascendental, base de la filosofía crítica. La idea de progreso desde la conquista de la verdad como fundamento del desarrollo científico y técnico que permita el común desarrollo de la sociedad, el bienestar y la justicia. Esperanza está que nuestro autor encuentra fundamentada en la complementariedad de la doble dimensión de la racionalidad humana, la teórica y la práctica. Esta distinción es posible gracias al “tesoro” de la filosofía crítica que establece los límites del conocimiento y la posibilidad de pensar, como función reguladora que orienta el conocimiento y la acción. Dejando pues al hombre como protagonista, a su racionalidad, es de subrayar la coherencia de máxima en el artículo “¿Qué es la Ilustración?”, “ Sapere aude!”.


El punto de partida de Kant es el intento de solucionar el conflicto entre los intereses teóricos y prácticos de la Razón (entre la ciencia y la moral). En este intento, es importante saber cuáles son las capacidades de la Razón.

Kant comienza por establecer tres intereses de la Razón (que es lo que constituye la esencia del hombre). Éstos consistían en contestar a tres preguntas: ¿Qué puedo saber?, ¿Qué debo hacer? Y ¿Qué me cabe esperar?
A la primera pregunta contesta Kant con la C. de la R. Pu. En ella se lleva a cabo el análisis de  la Razón pura, con el objeto de saber que pone la Razón por sí misma (es decir  a priori). En el conocimiento. En el conocimiento intervienen dos facultades la sensibilidad y el entendimiento. La sensibilidad es la capacidad por la cual los objetos nos son dados: para ello organiza (sintetiza) las impresiones bajo las reglas espaciotemporales. El entendimiento es la capacidad de comprender, de pensar lo dado; para ello subsume eso bajo las categorías (sintetiza un objeto y un concepto), formando un juicio.
Sinteticémoslo a modo de fórmula:

Espacio, tiempo y categorías, constituyen la forma de la experiencia, impuesta a priori por el sujeto cognoscente. Las impresiones sensibles constituyen la materia de la experiencia, y vienen dadas al margen del sujeto cognoscente. Ambas, forma y materia, son esenciales para que haya experiencia (a la que Kant llama mundo fenoménico, y a sus objetos, para distinguirlos de la realidad en sí, a la que llama mundo nouménico) y, por lo tanto, conocimiento científico. Dado que una de las categorías es la causalidad, en el mundo de la experiencia rige un determinismo absoluto.

Pero la Razón es la facultad de realizar síntesis, intenta organizar la experiencia en una totalidad, buscando un fundamento absoluto de todo el conocimiento. Así surgen las ideas de la razón: el alma (síntesis de la experiencia interna), el mundo (síntesis de toda experiencia externa) y Dios (síntesis de toda experiencia posible). Estas ideas sirven para regular la experiencia (ara organizarla en un sistema racional). El problema surge cuando al pensar dichas ideas les aplicamos las categorías del entendimiento. Al hacerlo las transformamos en objetos de experiencia, cosa que no son. Y así surgen los embrollos de la metafísica especial: emitimos juicios indemostrables acerca del Alma (paralogismos), acerca de Dios intentos de demostrar racionalmente que Dios existe), y juicios contradictorios acerca del mundo (las antinomias). El uso científico de la Razón debe atenerse, pues, a los fenómenos.

Todo el material lo puedes encontrar aquí.

Aquí os facilito un manual para que podáis repasar dede la p. 259.

E. KANT


Materiales para actualizar el pensamiento kantiano: (Aquí tienes acceso a todos los documentos)
  • 9 materiales para 9 actualizaciones.
  • La pedagogía kantiana. 
  • Hans Jonas y la tradición kantiana.
  • La educación del hombre y del ciudadano.
  • Adela Cortina y la tradición kantiana ("Tribuna")
  • Los valores vividos.
  • "La paz perpetua". E. Kant.
  • Dos filósofos contemporáneos. 
  • Kant en el callejón del gato (Art. de El País)(Más abajo también lo tienes reproducido).
  • Una serie de artículos de opinión de El País, enlace.

Es muy recomendable seguir el planteamiento de Julio Quesada en "La otra historia de la filosofía" para comprender los elementos de la razón especulativa y la elaboración del pensamiento desde los postulados de la razón para la elaboración de la moral. Desde la página 230, bueno 231, desde "La Dialéctica Trascendental...", porque no nos facilitan la anterior, hasta la p. 238.

LA CUARTA PÁGINA

Kant en el callejón del gato

Si en amplias capas de la sociedad se justifican los comportamientos recurriendo a justificaciones del tipo “así funcionan las cosas” y se normaliza que lo amoral es inteligente, el resultado es un país enfermo y desquiciado

Al investigar los fundamentos de la ética en su Crítica de la razón práctica, Kant no pretendía ofrecer una serie de buenas prácticas y recomendaciones útiles: aspiraba a demostrar que la razón moral que habita el interior de toda persona seguía una ley central, del mismo modo que el movimiento de los astros cumplía la ley de la gravedad. Como es sabido, Kant expresó esa ley de la razón moral así: obra siempre de manera que puedas desear que tu comportamiento se convierta en legislación universal. En sus obras, Kant expuso distintos ejemplos de zonas grises morales, que proponía resolver determinando si sería posible una sociedad en la que todos se comportaran de esa manera. Aplicado ese método al pasado reciente de nuestro país, rendiría algo así como esto: cada vez que un líder político se rodeó de una guardia de fieles en vez de abrir su organización a los mejores; cada vez que un directivo tomó decisiones que ponían en juego irrazonablemente el futuro de su empresa, pensando en maximizar su bonus; cada vez que un analista no advirtió a sus jefes con suficiente insistencia del riesgo de una operación; todos ellos creían habitar en esa zona gris del realismo y de las justificaciones genéricas del tipo “así es como funcionan las cosas”. Por desgracia, la conclusión de la prueba de Kant está a la vista: si en amplias capas de la sociedad cunden esos comportamientos individuales, si se normaliza que lo amoral es inteligente, el resultado es un país enfermo y desquiciado.
Esa confusión entre intereses propios, o de grupo, y el territorio moral de Kant, donde la razón de cualquier ser humano puede acceder al mismo conocimiento del bien, es intrínseca a la vida; pero ha resultado particularmente hipertrofiada por la desmesurada primacía ideológica que ha adquirido la economía y que se sintetiza en el principio de que debe hacerse “lo necesario y que funcione económicamente” —una solemne perogrullada con la que, por cierto, cualquiera hace de su capa un sayo—. A quienes siguen la actualidad se les endosan a diario multitud de cifras y estadísticas, y los líderes políticos apenas se dirigen a ellos más que usando lemas manidos (sobre competitividad, productividad, austeridad…); en cierto modo, la clase política está pagando ahora la penitencia por haberse presentado durante años como talismanes que dominaban los engranajes mágicos de la economía y a los que debíamos atribuir el crecimiento y las infraestructuras; súbitamente, “la economía” se ha transformado en una despiadada fuerza a la que se someten por responsabilidad. Bajo las formas de debates teóricos y medidas varias, lo que viene sucediendo desde 2010 en la UE es una gigantesca renegociación de deudas y garantías últimas de pago, destinada a evitar pánicos financieros en cadena como el que siguió a la caída de Lehman Brothers en Estados Unidos; con la diferencia de que, mientras de la crisis financiera norteamericana existe una investigación pública con múltiples testimonios ante el Congreso de EE UU, los europeos seguimos sin tener la menor idea de cómo fue posible que los Gobiernos griegos fueran sobrefinanciados temerariamente, o sobre por qué comenzó a llover dinero del cielo para empresas, bancos y familias de España en cierta época. A falta de que alguien sea responsable de algo, los españoles hemos ido aprendiendo a bofetadas que los mercados financieros funcionan con principios tan sencillos como aprovechar o inducir subidas de precios de activos (en especial allí donde detecten agentes incautos y asimetrías de información), con el objetivo de recoger beneficios y largarse justo antes de que los cambios del viento derriben el castillo de naipes.

Nadie sabe por qué fueron sobrefinanciados los gobiernos griegos tan temerariamente
Una herencia intangible de la llamada burbuja es que seguimos siendo incapaces de abordar nuestros problemas sin abjurar de esa preeminencia del “lo que funcione económicamente”, y de la visión inherente de que la sociedad no es más que una trama de intereses particulares que hay que encajar. Ante ese pragmatismo inexpugnable que se extienden en tópicos hasta el infinito, cabe citar lo que Kant escribió, años antes del surgimiento de las ideologías: “Como quiera que el interés propio es universal, hay hombres juiciosos a los que se les ha ocurrido que la búsqueda del propio interés es la única ley común natural posible. Sin embargo, nada puede resultar más extravagante; pues convertir la suma de los intereses individuales en ley de una sociedad solo puede conducir a antagonismos y al exterminio de la sociedad; esto es, el principio del interés propio se trata de lo más opuesto a lo que podamos desear que se haga ley moral, pues destruiría la sociedad”.
Es difícil que algún europeo no desee una Europa que sea el territorio de la razón de Kant: una razón que por sí misma, hecha de principios y moldeada por palabras, establece un camino por el que todos, en nuestro fuero interno, sabemos que debemos caminar, con el último fin de que toda persona sea un fin. Resulta difícil, sin embargo, discernir una idea de Europa entre la permanente refriega de tácticas políticas y el crudo embate de las deudas. Determinar qué cosa debe ser la unión política de Europa en un artículo seguramente sea un empeño quijotesco, pero merece la pena, al menos, intentar fijar que el corazón de Europa no es un país, ni una moneda: el corazón de Europa es un lugar geográfico real, con unos pocos siglos de existencia, que abarca desde el norte de Italia hasta París y Londres, por el oeste, hasta Viena y Berlín, por el este, y llega a las capitales nórdicas, en el que se produjo la conjunción de ciencia, arte, técnica y prosperidad de la que parte el mundo moderno, de Galileo a Goethe, de Montaigne a Bach, de James Watt a Max Planck o de Marie Curie a Rita Levi. En los alrededores de ese corazón, países con cierta debilidad institucional e inseguridades históricas, pero miembros de pleno derecho del patrimonio humanista europeo, hemos aspirado a que ser parte de la Unión actuara como cohesión disuasoria contra las tragedias de nuestro pasado.

Resulta difícil discernir una idea de Europa entre la permanente refriega de tácticas políticas
Es triste que, con esa tradición ilustre y con el capital intelectual que debe presumirse en los líderes europeos, estemos asistiendo tan a menudo a decisiones de poder puro, fatalmente inevitables. Nadie espera que bellas palabras oculten las fuerzas que tensan nuestro continente, la distorsión que el exceso de crédito produjo en la estructura económica de países enteros o el creciente poder ante trabajadores y Gobiernos de las empresas triunfadoras de la globalización. A pesar de todo, frente a las frustraciones, la razón puede al menos ofrecer un sentido a lo que ocurre, salvar nuestra capacidad de entendernos y ser personas, con la cuota de sacrificio nacional o individual que nos toque.
En ausencia de un debate europeo más inteligible, la sociedad española parece aceptar con resignación que la troika de BCE, FMI y Comisión esté atando en corto a la trinidad de políticos, constructores y financieros que regía nuestra particular democracia; no faltan los entendidos que remontan las causas de nuestra desdicha actual a una panoplia de males históricos, entre ellos la tendencia al compadreo, el amiguismo y la corrupción. Sin embargo, ese espíritu derrotista no hace justicia a los principios morales que se han transmitido siempre en muchas familias españolas, ni a la capacidad de lucha de los que sufren hoy, ni a quienes en la plaza pública han mantenido encendida la guía de la dignidad. Es fácil comparar la ética de Kant con los reflejos distorsionados de las miserias españolas que ya mostraba el callejón del Gato, pero tampoco vendría mal que aquel hombre bueno de inteligencia excepcional fuera más honrado por las cercanías de la puerta de Brandeburgo o en los pasillos de Bruselas. Menos poder inescrutable y más razón pura, menos eufemismos reformistas y más razón moral, es lo que, cabe esperar, exigiría la razón de Kant.
Cuando Willy Brandt, que había sido miembro de la resistencia antinazi, visitó como canciller alemán el gueto de Varsovia en 1970, no dijo “la culpa fue de otros”, “así es como funcionan las cosas en las guerras, irracionalmente”, “en la historia de muchos pueblos hay episodios terribles, por desgracia” o “yo no estaba allí”. Cayó de rodillas. Así se abren senderos entre las ruinas del pasado, así se contribuye a hacer un gran país y así, entonces, se construía Europa.
Emilio Trigueros es químico industrial y especialista en mercados energéticos.